Cumpleaños en tiempos de coronavirus

Holaaa!! Lo que estoy viviendo en estos momentos es completamente distinto a lo que tenía planeado (imagino que esto aplica para todos). En una semana emprendería el viaje a México a visitar a mi familia, a la boda de una de mis mejores amigas y a la fiesta del tercer cumpleaños de Fernando que tanto habíamos planeado mi mamá y yo.  Esta semana estaría empezando a hacer las maletas y organizarme para el viaje. Pero tanto a mí como a muchos el virus nos cambió los planes.

La verdad me hacía muchísima ilusión festejar el cumple de Fer al lado de mi familia y amigos, sobretodo por el hecho de no tenerlos cerca y no poder verlos físicamente tan seguido como quisiera. Ante esta situación, no queda de otra que adaptarnos a lo que estamos viviendo y tomarlo de la mejor manera posible, por lo mismo tenía claro que ningún virus vendría a acabar con el festejo de mi hijo.  


Unos días antes, cuando fui a hacer la compra de la semana, aproveché para comprar el pastel de cumpleaños. La verdad, suelo prepararme con antelación para los cumpleaños, pero desde que se decretó el estado de alarma en España, las tiendas que no sean de primera necesidad están cerradas,  por lo que al no tener la posibilidad de ir a comprar algo para decorar, me aboqué, desde un día antes, a sacar a la mamá creativa que vive en mí. Así que como COSITAS (personaje femenino que tenía un espacio en la tele en México, donde enseñaba como hacer manualidades a los más pequeños de la familia) intenté sacarle provecho al material que tenía en casa. En su cumpleaños acostumbramos a regalarle algo, en este caso y por la situación, lo pedimos online, pero como no llegó, recordé tener guardado un hot wheels y un estuche con actividades de toy story (que estaban destinados a sacarme del apuro durante el confinamiento), que me vinieron perfecto para regalarle.

Finalmente, llegó el día, mi Fer se despertó y lo primero que vio fue el espacio de la casa decorado especialmente para él, al ver su carita me dieron unas ganas tremendas de llorar, su emoción era tanta, como si estuviera en Disneyland. Pasó el día jugando a tope, consentido por nosotros y emocionado por ser su cumpleaños. Además tenemos a unos vecinos tan buena vibra, que después de los aplausos que acostumbramos a dar en honor a los sanitarios, le cantaron el cumpleaños feliz a Fernando desde sus ventanas, balcones y terrazas.

Nuestros hijos no nacen queriendo tener todos los juguetes que salen en la tele, no nacen siendo materialistas, no nacen siendo racistas, no nacen siendo discriminatorios, no nacen siendo clasistas; nuestros hijos al nacer son como un lienzo blanco en el que nosotros, los padres, vamos trazando sus primeras líneas. Muchas veces vivimos preocupados por que a nuestros hijos no les falte nada (material), llegamos a trabajar más horas y esforzarnos el triple para poder mejorar nuestro poder adquisitivo y brindarles una seguridad financiera, sin darnos cuenta que lo que no se regresa es el tiempo, ese tiempo que nuestros hijos anhelan tener con nosotros, incluso más allá que una fiesta, un juguete. Yo realmente estaba muy preocupada por no poder darle a Fer la fiesta que yo creía era lo que el deseaba, pero el me demostró ser tan feliz con tenernos a su lado. Definitivamente Fer me dio una lección de vida y me hizo rectificar que no necesitamos más para ser felices.

Intentemos, en la medida de los posible, vivir estos días como si no conociéramos lo que hay afuera, lo que había antes, como si no hubiera más.

Saludos, Alma Karina.



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